
El caso del docente Edilberto Mosquera no es solo una lamentable estadística; es el reflejo más crudo y doloroso de la crisis de salud que azota al magisterio del Chocó. Su muerte en Medellín, a la espera de una cirugía de corazón, no fue un desenlace inevitable. Fue el resultado directo de la negligencia, la burocracia y la falta de empatía de un sistema que, en teoría, debería proteger a sus afiliados: el Fondo Nacional de Prestaciones Sociales del Magisterio (FOMAG).
La odisea de Mosquera, un maestro de la Institución Educativa La Unión de Bajirá, en el Chocó, es una tragedia que se repite una y otra vez. Remitido con urgencia a la Clinica del Rosario de la ciudad de Medellín, por una condición cardíaca crítica, su vida quedó suspendida en el limbo administrativo. Mientras el cuerpo médico advertía sobre la necesidad de una intervención inmediata para el cambio de una válvula, el FOMAG argumentaba que “la solicitud supuestamente no les había llegado”. Este tipo de excusas, tan comunes como indignantes, no solo demuestran la ineficiencia del sistema, sino que revelan un alarmante desinterés por la vida humana. ¿Cómo es posible que, en un caso de emergencia vital, la comunicación y la respuesta se demoren días, cobrando al final el precio más alto?
El Sindicato Unión de Maestros del Chocó – “UMACH”, ha sido la voz incansable que denuncia estas fallas crónicas. Sus reclamos, que resuenan en cada rincón del departamento y en la esfera Nacional, no son caprichos, sino exigencias justas para que se respete el derecho fundamental a la salud de los docentes y sus familias. Sin embargo, como lo demuestra este caso, sus denuncias caen en oídos sordos. La tardanza en la entrega de medicamentos, la falta de atención oportuna y la negación de procedimientos vitales se han convertido en la norma, no en la excepción. La muerte del profesor Mosquera, que se pudo evitar si el FOMAG hubiese actuado con la celeridad que la situación requería, es una muestra clara de que el problema no es un simple retraso, sino una falla sistémica que pone en riesgo la vida de miles de maestros chocoanos.
La indignación ante la muerte del docente Mosquera debe ser el catalizador de un cambio real. No se puede permitir que la vida de los educadores, quienes con su labor construyen el futuro de la región, se extinga por la inoperancia administrativa.
En este momento de inmenso dolor, la Unión de Maestros del Chocó – “UMACH”, lamenta profundamente la trágica partida de nuestro compañero, el docente Edilberto Mosquera. “Nos unimos al duelo que embarga a su familia y a todos sus seres queridos”.
La muerte del profesor Edilberto no solo deja un vacío en el corazón de quienes lo conocieron, sino que también nos duele como gremio, pues es un recordatorio de las precarias condiciones de salud que enfrentamos. Su fallecimiento, en circunstancias tan lamentables, nos llena de indignación y reafirma nuestra lucha por un servicio de salud digno para todos los educadores.
A su familia y amigos, les enviamos un abrazo solidario y todo nuestro apoyo en este difícil momento. Que su memoria y su legado nos inspiren a seguir adelante en la defensa de nuestros derechos.
Las voces de solidaridad de la UMACH son importantes, pero la lucha no puede terminar ahí. Es imperativo que las autoridades competentes, desde el FOMAG hasta el Ministerio de Educación, tomen medidas inmediatas para garantizar un servicio de salud digno y oportuno para el magisterio. El caso de Edilberto Mosquera es un llamado de atención brutal y doloroso. Su muerte, un recordatorio de que la negligencia no es solo una falta administrativa; en el contexto de la salud, es un acto que cobra vidas.